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El fin de La Niña: Argentina inicia la transición hacia la fase «Neutral».

Hace ya varios años que el cono sur de Latinoamérica se ve afectado por el ciclo de La Niña, el fenómeno climático que ha mantenido alerta a la comunidad meteorológica ambiental de Argentina durante la primera mitad de la década. Según los últimos datos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), los indicadores oceánicos y atmosféricos muestran un debilitamiento sostenido del enfriamiento en el Océano Pacífico, evidenciando que esta anomalía ha comenzado a desvanecerse.

Si bien su efecto sobre la región no fue ininterrumpida, las apariciones y desapariciones hicieron que su imposición sobre las condiciones climáticas quede «normalizada». Ahora, desaparece, abriendo la puerta a una fase de «neutralidad» que dominará el otoño.

¿cuál es la causa de La Niña?

El fenómeno de La Niña es causado principalmente por un fortalecimiento inusual de los vientos alisios, que soplan de este a oeste a través de Pacífico ecuatorial. Al intensificarse, estos vientos arrastran las aguas superficiales cálidas hacia Oceanía y Asia, provocando que en las costas de América del Sur (específicamente Perú y Ecuador) emerjan aguas profundas mucho más frías.

Este proceso de enfría la superficie del mar por debajo de sus valores promedio, alterando la presión atmosférica y el intercambio de calor entre el océano y la atmósfera a escala global.

Este enfriamiento oceánico genera una reacción en cadena en la circulación del aire, conocida como Celda de Walker; Al estar el agua más fría en el Pacífico central y oriental, se inhibe la formación de nubes y lluvias en esa zona, mientras que el aire húmedo se desplaza con mayor fuerza hacia el oeste.

Esta transformación de la atmósfera altera la posición de la corriente en chorro (jet stream), lo que explica por qué Argentina experimenta condiciones de mayor sequedad y menor nubosidad, ya que las tormentas habituales son desviadas o bloqueadas por estos cambios en la circulación global.

«Veníamos de una fase fría persistente y, este mes, finalmente consolidamos el cese de La Niña para pasar a una fase neutral; los pronósticos indican que el océano se estabilizará, pero es un proceso que lleva tiempo hasta que la atmósfera responda totalmente.» Detalla Cindy Fernández, integrante del SMN.

La llegada de la neutralidad no significa que el clima se volverá «estático«, sino que la presión que suele forzar sequías prolongadas ha cesado. Según el SMN, para el Noroeste Argentino (NOA) y partes del Litoral, se espera un otoño con precipitaciones superiores a lo normal, una esperada noticia para la recuperación de acuíferos y suelos.

Sin embargo, el horizonte a largo plazo ya muestra nuevas señales. Algunos modelos de la NOAA (Administración Oceánica y Atmosférica de EE.UU.) sugieren que hacia el invierno o la primavera de 2026, el sistema podría oscilar hacia el otro extremo: El Niño.

¿En qué se diferencian?

El Niño es la fase cálida, directamente opuesta a La Niña. Aquí, os vientos alisios se debilitan o incluso invierten su sentido, permitiendo que una masa de agua caliente se desplace desde el oeste hacia las costas de Sudamérica, aumentando significativamente la temperatura oceánica.

Esto suele traer un exceso de precipitaciones, tormentas más intensas y un aumento en el caudal de los ríos de la cuenca del Plata, incrementando el riesgo de inundaciones en el Litoral y la Pampa Húmeda.

La Dra. Matilde Rusticucci, investigadora de CONICET, desarrolló sobre la incidencia del cambio climático en estos fenómenos: «Estamos observando que, bajo el contexto de cambio climático, los efectos de La Niña se ven potenciados. Aunque el fenómeno oceánico termine este mes, las olas de calor que vivimos fueron más brutales de lo esperado porque se sumaron a una tendencia de calentamiento global imparable.»

«El fin de La Niña es un alivio, pero debe ser una lección sobre la importancia de la planificación. El manejo del agua potable y para riego en Argentina debe adaptarse a un clima donde estos extremos, como sequías prolongadas seguidas de posibles inundaciones, serán cada vez más recurrentes» concluye.

Para el ecosistema argentino, el fin de La Niña este mes de marzo representa un respiro necesario. Con los acuiferos de nuestro suelo en niveles de recuperación, la región precisa un otoño de moderación térmica, alejando las sequías profundas y altos riesgos de incendios forestales que suelen acompañar a los años «Niña«.