Pasó media década desde que el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible ordenó la clausura total del muy polémico Zoológico de Luján. Envuelto en denuncias de maltrato animal e irregularidades financieras, la resolución final dictaba:
«Se ratifica el cierre por no acreditar un plan de reconversión, por sus sostenidos incumplimientos en materia de la normativa vigente y en función de irregularidades detectadas dentro del predio»
La semana pasada, más de cinco años después, y luego de un duro trabajo de veterinarios y expertos en vida silvestre, incluida la organización animalista «Four Paws», comenzó el traslado de algunos animales hacia santuarios de conservación.
Los traslados concretados el pasado lunes fueron los de una pareja de osos pardos, a un santuario en Bulgaria y de una tigresa a un santuario en Holanda.
El estado de los animales.
En los últimos años, el ex zoológico se vió envuelto en constantes polémicas y peleas legales a partir de denuncias de maltrato animal. Muchísimas especies eran expuestas constantemente a la explotación del espectáculo, dejándolas en un estado de estrés y sedentarismo que deteriora más y más su salud.
«Estamos ante animales que nunca aprendieron a ser animales», explica Sergio Federovisky, ex viceministro de Ambiente de la Nación, y uno de los principales impulsores de la clausura. «No se trata de abrir una jaula; se trata de rehabilitar organismos que fueron sometidos a un estrés constante para ser funcionales al espectáculo».
Desde la madrugada del lunes, vehículos de patrullas locales brindaron seguridad cuando inició el operativo, y acompañaron todo el recorrido. Los animales serán trasladados por vía aérea desde el Aeropuerto Internacional de Ezeiza hacia sus respectivos destinos, donde recibirán atención especializada en su entorno natural.
¿Por qué se tardó tanto en en traslado?
En primer lugar, el estado de los animales hacía que el riesgo de perder la vida en el viaje sea bastante grande. En el caso de Flora, la tigresa, fue catalogado de urgente, ya que tenía garras encarnadas que le dificultaban ponerse de pie o caminar.

Además, los propietarios del zoológico presentaron varios recursos de amparo, que continuaba proponiendo la gigantesca operación de relocalizar más de 400 animales. La burocracia judicial suele ir a una velocidad distinta a la urgencia biológica.
Luciana D’Abramo, directora de Programas de Four Paws, explica: “Hoy quedan alrededor de sesenta grandes felinos en el exzoológico de Luján. Es un trabajo enorme el que falta, pero estos primeros traslados son un mensaje de esperanza para todos los que alguna vez levantaron la voz por estos animales”
Los ejemplares de osos trasladados a Europa fueron de los más complejos de efectuar. Gordo, un oso pardo de 16 años, representaba el caso de mayor vulnerabilidad clínica: con un peso de casi 350 kilos, padecía una obesidad severa producto de años de sedentarismo forzado y una dieta inadecuada.
Por su parte, la osa Florencia, de 17 años, habitaba en una soledad absoluta dentro de un recinto de concreto. Solo había una pileta de escasa profundidad que no cumplía con los requisitos básicos de enriquecimiento ambiental para su especie.

Ambos animales fueron diagnosticados con problemas dentales crónicos y requerían un monitoreo médico constante, ya que sus condiciones de vida se encontraban sistemáticamente por debajo de los estándares internacionales mínimos de bienestar animal.
A día de hoy, y siguiendo el ejemplo de la Ciudad de Buenos Aires, hay proyectos para transformar el ex zoológico de Luján en Ecoparque, un santuario de conservación de biodiversidad con fines educacionales. La clausura del predio y la rehabilitación de los animales es el reflejo de una sociedad que entiende la protección de animales por sobre cualquier tipo de explotación





