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22 de Abril: Día de la Tierra

El 22 de abril, más de mil millones de personas de 193 países diferentes celebran El Día de la Tierra. Y así sucede desde 1970, porque El Día de la Tierra se ha convertido en el movimiento ambiental más convocante del planeta.

Esa primera vez, cerca de 20 millones de personas salieron a las calles de Estados Unidos para protestar contra los derrames de petróleo y la contaminación de los ríos. Recién en 2009, la ONU decretó su conmemoración anual.

La consigna de 2026: Nuestro Poder, Nuestro Planeta

Para este 2026, la organización oficial EarthDay.org ha establecido el lema «Nuestro Poder, Nuestro Planeta» (Our Power, Our Planet). A diferencia de años anteriores enfocados en materiales específicos (como el plástico en 2025), esta consigna busca empoderar a los ciudadanos para exigir una transición energética definitiva.

El objetivo es claro: acelerar el abandono de los combustibles fósiles y promover el uso de energías renovables como la única vía para asegurar un futuro habitable. Se enfoca en la idea de que la protección ambiental no es solo responsabilidad de los gobiernos, sino una facultad que las personas deben ejercer a través de sus decisiones de consumo, educación y participación cívica.

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La Dra. Friederike Otto, climatóloga líder del World Weather Attribution y referente en la atribución de eventos extremos al cambio climático, advirtió:

«Ya no estamos ante un escenario de predicción futura, sino de gestión de daños presentes. La Tierra nos está enviando señales inequívocas a través de olas de calor y tormentas sin precedentes. Este 22 de abril no debe ser un día de celebración, sino de rendición de cuentas: cada décima de grado de calentamiento evitado cuenta para salvar vidas y ecosistemas enteros».

El mundo perdió 10 millones de hectáreas de bosques y cerca de un millón de especies animales y vegetales se encuentran en peligro de extinción. Todo esto no puede ser gratuito.

El término «biodiversidad» refleja la cantidad y la variedad de los organismos vivos en todos los ecosistemas, tanto marinos como terrestres. Incluye la diversidad dentro de las especies, entre especies e incluso entre ecosistemas. La diversidad de la vida también cambia de un lugar a otro y con el tiempo

Sin embargo, por incompleto que sea, el conocimiento actual sobre la diversidad de la vida ayuda muchísimo a prever a qué ritmo se extinguirá lo que ya conocemos.

Un ecosistema variado nos presta muchos servicios: aporta nutrientes, agua, formación de suelos, resiste especies invasoras, poliniza, regula el clima, controla las plagas e incluso tiene en un puño a la contaminación.  Pero todo esto es como el delicado equilibro que logra un malabarista, sosteniendo muchos platos en movimiento a la vez.

Que un país, un continente, un planeta pierda biodiversidad es una pésima noticia: amenaza la nutrición, prepara el terreno para la multiplicación de desastres naturales, corta las fuentes energéticas, convierte el agua en un bien escaso y las materias primas en lo que brillará por su ausencia cuando se recuerde el confort cotidiano que aún conocemos, desde el papel con el que escribimos hasta el sweater que nos abriga.

La conclusión es sólida e inevitable: la salud de nuestra economía, nuestra seguridad alimentaria y nuestra estabilidad social dependen de la salud de la biosfera. Proteger la Tierra no es un acto de altruismo romántico, sino un ejercicio de supervivencia pragmática.