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el número de incendios forestales aumentarán en un 100% si no se cambian las políticas actuales.

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Según PNUMA, el número de incendios forestales aumentarán en un 100% si no se cambian las políticas actuales.

Por Santiago Campeni – El número de incendios forestales aumentará en un 50% para 2100 y los gobiernos no están preparados, según advierte el nuevo informe presentado el pasado 23 de febrero por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y el centro de comunicación medioambiental GRID-Arendal. 

El cambio climático y los incendios forestales se “retroalimentan mutuamente” , explicita el informe, ya que debido al calentamiento global, es más factible el aumento de los incendios forestales. El cambio climático no genera incendios por sí solo, pero crea el terreno propicio para que se inicien focos de fuego, debido al aumento de las sequías en duración e intensidad. Según datos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Argentina los incendios forestales son iniciados en un 95% por acción del hombre, ya sea de manera intencional o por negligencia. Al referirse a que ambos fenómenos se retroalimentan entre sí, el reporte  afirma que además de crearse el escenario ideal para el inicio de fuegos incontrolables, estos incendios liberan dióxido de carbono a la atmósfera, potenciando el efecto del cambio climático. 

El otro punto clave que potencia estos escenarios en donde el fuego está presente, es el cambio de uso de suelo. Gran parte de los incendios generados recientemente en la provincia de Corrientes, afectaron a plantaciones forestales de pinos y eucaliptus, especies exóticas que se utilizan para la industria maderera, y que propician la expansión más rápida de los incendios forestales. Una vez en contacto con el fuego, esta gran cantidad de follaje disponible propaga las llamas con una extensión devastadora, a la que la vegetación nativa no puede reponerse fácilmente. Es así que, con cada incendio, los pinos le van quitando espacio al bosque nativo y su biodiversidad, extendiéndose por toda la superficie y generando más combustible aún, según datos de investigadoras del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA)

El ártico, zona que parecía estar a salvo de los incendios forestales, enfrenta un riesgo creciente de que se desarrollen estos fenómenos. Esto ya es una realidad, ya que en el 2020 la zona de Siberia ardió por segundo año consecutivo, debido a que experimentó temperaturas superiores a los 30 grados. El ártico enfrenta un aumento de más del doble del calentamiento mundial. Estos incendios, además de liberar toneladas de CO2 a la atmósfera, contribuyen a derretir el hielo marino presente en las costas rusas. 

El Reporte llama a un cambio radical en las inversiones llevadas a cabo por parte de los gobiernos en materia de incendios forestales, poniendo el foco en la prevención y preparación frente a estas situaciones. Se propone que del gasto público en este área se destine dos tercios a la planificación, prevención, preparación y recuperación y dejar el tercio restante para la respuesta ante los incendios. La prevención va más allá de poner un simple cartel que avise que no se hagan fuegos de ningún tipo ante situaciones de sequía extrema, se deben aplicar métodos que combinen sistemas de monitoreo y datos basados en la ciencia y una cooperación regional e internacional más fuerte, según dicen los expertos. Además, otro punto a fortalecer es la educación ambiental, para que los ciudadanos sepan cómo evitar estas situaciones y cómo prepararse ante un incendio. 

El efecto de los incendios forestales afecta en forma desproporcionada a las naciones de bajos ingresos, ya que los costes de reconstrucción de las áreas dañadas, pueden estar fuera del alcance económico de los países de más bajos recursos. Además, el daño no solo se limita a los efectos en el medio ambiente, los incendios forestales afectan directamente a las poblaciones aledañas a las zonas que tienen fuegos activos, requiriendo también un mayor gasto en materia de salud pública. No solo la salud de los humanos se ve afectada, sino que también la de la vida silvestre, ya que la flora y fauna se ven empujadas al borde de la extinción por fenómenos como el de los incendios forestales.  

El informe hace un llamado a la acción proponiendo como una de las principales alternativas, la restauración de ecosistemas nativos como respuesta para evitar incendios forestales, la restauración de humedales y turberas, la construcción de viviendas alejadas de la vegetación y la conservación de hábitats claves. Estos son algunos ejemplos que brinda el reporte, de inversiones esenciales además de los cambios en el financiamiento en materia de prevención.  

El ejemplo más claro y cercano, es lo ocurrido recientemente en la provincia de Corrientes, ya que engloba casi todos los puntos mencionados en el reporte de las Naciones Unidas. Por más de un mes, el territorio correntino ardió quemándose el 10% de la provincia según datos del INTA. Los fuegos afectaron incluso el Parque Nacional Iberá, uno de los humedales de mayor importancia a nivel internacional, donde se trabaja para la reintroducción de especies nativas como es el caso del oso hormiguero, el ciervo de los pantanos o el emblemático yaguareté. Aproximadamente el 40% del parque nacional se vio afectado por los incendios. La respuesta del Servicio Nacional del Manejo del Fuego, fue recién cuando los incendios ya estaban presentes en la provincia, demostrando que lo que se menciona en el informe es cierto, se debe cambiar de una política de correr detrás de los incendios a una política de prevención de estos. El alivio llegó recientemente cuando se hicieron presentes lluvias en la provincia litoraleña. Se debe dejar de lado las diferencias políticas y las burocracias como se vieron en este caso, ya que los incendios no distinguen de color politico, y afectan a todos por igual.