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Gripe aviar: alerta y preocupación sobre nuevo brote.

El comienzo de año de la industria avícola argentina proyectaba sólidos niveles de crecimiento con respecto a los años anteriores, pero la ilusión no duró mucho, y las circunstancias no fueron las esperadas; en el reciente bimestre febrero-marzo se desató otro gran brote de gripe aviar en el país, poniendo en jaque una enorme parte de la producción.

La Cámara Argentina de Productores Avícolas (CAPIA) advirtió rotundamente al gobierno nacional sobre las graves consecuencias de no llevar adelante un plan de vacunación contra la Influenza Aviar Altamente Patógena (IAAP), remarcando que, en este rumbo, se está poniendo en riesgo el 94,75% de la producción destinada al consumo interno.

¿De qué se trata esta enfermedad?

La gripe aviar, también conocida como influenza aviar, es una enfermedad infecciosa causada por virus que afectan predominantemente a las aves, tanto silvestres como de corral. Aunque el organismo natural del virus se encuentra en aves acuáticas migratorias, su propagación hacia granjas comerciales ha generado crisis económicas y sanitarias a nivel mundial.

El virus se clasifica principalmente por su nivel de patogenicidad; mientras que las cepas leves apenas afectan la producción de huevos, las de alta patogenicidad, como la conocida H5N1, pueden someter poblaciones enteras de aves en cuestión de días debido a su extrema letalidad.

¿Es peligrosa para las personas?

El contagio a humanos no ocurre de forma casual ni por el consumo de productos avícolas cocinados, sino a través del contacto directo y prolongado con secreciones, heces o entornos altamente contaminados por animales enfermos. En el cuerpo humano, la infección puede manifestarse inicialmente como una gripe común; fiebre, tos y dolores musculares, pero tiene el potencial de escalar rápidamente hacia cuadros de neumonía grave y otras complicaciones respiratorias que ponen en riesgo la vida.

Carlos Sinesi, director ejecutivo del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), explicó: “Los meses de enero y febrero, y en algunos casos marzo también, los animales por el calor no llegan al peso normal que tenemos durante el año, que es alrededor de tres kilos vivos”.

Asimismo, graficó la crudeza del escenario en los galpones de crianza: “Tengamos en cuenta que si estamos midiendo la temperatura en la ciudad de Buenos Aires es alrededor de 35 grados, un galpón que está en Entre Ríos, básicamente tiene que estar alrededor de 50 grados. Esta situación deriva en que se pierdan 400 gramos en promedio de toda la producción”.

Esta cepa del virus se encuentra muy fuerte, amenazando a una enorme parte de la producción. Tal es el caso, que se registró por primera vez un caso de gripe aviar en la Patagonia.
El Senasa (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) detectó un brote proveniente de un predio de varias especies de aves en la localidad de Cervantes, Río Negro. Dicho corral se puso en cuarentena, aislado del resto para que la influenza no escale hacia territorios nuevos.

«Este subtipo de la gripe aviar, el de alta patogenicidad (IAAP H5), es altamente letal en aves. Cuando entra a las granjas comerciales, donde hay muchas aves en un espacio reducido, se contagia rápidamente y los animales mueren en cuestión de horas o días. El hallazgo en aves migratorias en lagunas o reservas es el escenario esperable pero complejo, porque su vuelo no puede evitarse; lo que debemos impedir es que el virus se disperse desde esos asentamientos hacia las aves de corral o ‘traspatio’ (gallinas de consumo doméstico)» Comentan desde el SENASA.

Actualmente, se cerraron parcialmente las exportaciones de productos avícolas, mientras la CAPIA solicita que, desde el gobierno, se adopte la estrategia de vacunar a las aves de ciclo largo, lo cual permitiría inmunizar “masivamente para asegurar la sanidad del rodeo nacional de gallinas ponedoras y el abastecimiento de huevos”.

La persistencia del virus en aves silvestres y su reciente salto a mamíferos marinos en las costas atlánticas evidencian una preocupante pérdida de resiliencia en los ecosistemas naturales. Numerosas organizaciones ambientales sugieren que este fenómeno no es aislado: el cambio climático altera las rutas migratorias, mientras que el avance de la frontera urbana y agrícola reduce los hábitats, forzando contactos estrechos entre especies que antes no coexistían.