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Histórico avistaje de una ballena azul en el Parque Patagonia Azul

Las aguas del Mar Argentino fueron testigo de uno de los eventos más importantes en los últimos años de la conservación marina: el primer registro documentado de una ballena azul en el Golfo San Jorge, provincia de Chubut.

El hallazgo se produjo durante una campaña de monitoreo de rutina del equipo de conservación de la Fundación Rewilding Argentina. Lo que comenzó como un día habitual de foto-identificación de ballenas jorobadas y sei, se transformó en un hito científico, al avistar al animal más grande de la historia del planeta.

La ballena azul puede alcanzar los 30 metros de largo y pesar hasta 140 toneladas. A diferencia de la ballena franca austral, que es una visitante frecuente y célebre de la Península Valdés, la ballena azul es un habitante de aguas más profundas y oceánicas, lo que hace que su aparición tan cerca de la costa sea una verdadera rareza.

«Nos encontramos con esta ballena que sale del agua, pero esta era distinta, era gigante, muchísimo más grande que cualquier otra que hayamos visto. Fue un día increíble, rodeados de jorobadas que saltaban y con la aparición de este ejemplar. Estamos muy contentos de haber podido confirmar su presencia dentro del Parque» relata el biólogo Tomás Tamagno, integrante del equipo que realizó el avistaje.

La importancia de la ballena en el mar

Más allá de su imponente tamaño, la ballena azul cumple un rol vital para el mantenimiento del ecosistema marino a través de un proceso conocido como la bomba de ballenas (whale pump). Al alimentarse de enormes cantidades de krill en las profundidades y subir a la superficie para respirar y defecar, liberan nutrientes esenciales como el hierro y el nitrógeno. Estos desechos actúan como un fertilizante natural para el fitoplancton, y otros organismos que producen más de la mitad del oxígeno en la tierra.

Asimismo, estas ballenas son aliadas silenciosas pero fundamentales en la mitigación del cambio climático. A lo largo de su vida, una sola ballena azul captura y almacena en su cuerpo cerca de 33 toneladas de carbono, retirándolo de la atmósfera.

«La ballena azul es el animal más grande que jamás habitó el planeta Tierra. Su presencia funciona como un indicador ambiental; cuando el mar está en buen estado y sus especies están presentes en abundancia, empezamos a ver esta gran diversidad» explica Ignacio Gutiérrez, coordinador de conservación del Parque Patagonia Azul.

Durante el siglo XX, la industria ballenera redujo la población de ballenas azules en el Hemisferio Sur a apenas el 2% de su cantidad original. Actualmente, la especie está catalogada como especie «En Peligro».

Aunque se sabía que transitaban el Mar Argentino hacia la Antártida, no existían registros oficiales de su ingreso a las áreas protegidas de la costa chubutense, hasta ahora.

Un ecosistema en recuperación

Este histórico avistaje no es un hecho aislado, sino que se suma a un fenómeno que viene asombrando a la comunidad científica: el regreso de la ballena sei (Balaenoptera borealis) a las costas argentinas, tras casi un siglo de ausencia.

La ballena sei, el tercer animal más grande del planeta, había desaparecido de la región en la década de 1920 debido a la caza comercial. Sin embargo, hace un año, científicos y observadores han documentado un retorno masivo en el Mar Patagónico.

Si algo remarca este enorme hallazgo, es la importancia de mantener las áreas protegidas funcionando apropiadamente en el país. Estas actúan como refugios donde se minimizan las amenazas humanas, como las colisiones con embarcaciones de gran calado y el enredo en redes de pesca.

Al proteger la base de la cadena alimentaria (el fitoplancton y el krill), se garantiza que estos gigantes encuentren el alimento necesario para sus extenuantes migraciones. Una ballena azul consume entre 3 y 5 toneladas de alimento diario.

El regreso de la ballena azul a estas costas es un recordatorio de que, cuando se le da espacio y protección, la naturaleza tiene una capacidad de recuperación asombrosa. Este gigante no solo nos regala un espectáculo visual, sino que confirma que el Parque Patagonia Azul se está consolidando como un santuario vital para la biodiversidad marina global.