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La pesadilla de todos los veranos: La Patagonia vuelve a arder.

La postal se repite, enero tras enero: La Comarca Andina, en la provincia de Chubut, sufre un masivo incendio por enésima vez y, como ya ha sucedido, se confirmó la intencionalidad del mismo.

Hasta el momento, más de 15.000 hectáreas han sido reducidas a cenizas. El foco iniciado en Puerto Patriada, Epuyén, el pasado 5 de enero se expandió con una velocidad incontrolable. La icónica Ruta Nacional 40, debió ser cortada mientras las llamas saltaban el asfalto, saltando de pino en pino.

La naturaleza es el menor culpable.

Si bien el verano en la Patagonia dificilmente presencia lluvias (la temporada de precipitaciones es en otoño), la sequía se potenció radicalmente a causa del cambio climático, un factor plenamente humano.

En 2025, en el planeta hubo una reducción del 60% promedio en precipitaciones con respecto al año anterior; un panorama realmente desolador, que se potencia en los cerros invadidos de pinos, una especie introducida que jamás debería haber encontrado tierra en la Patagonia.

Como si fuera poco, hay un componente político y presupuestario que ha llegado a un punto de no retorno: Mientras las brigadas del Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) luchan con recursos irrisorios, los informes de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) confirmaron un recorte real de más del 70% en el presupuesto para la prevención y combate de incendios respecto a años anteriores.

«Cuando no hay un incendio, debería haber el doble de recursos trabajando en la prevención». Sin embargo, la lógica estatal parece ser la de «apagar el incendio cuando ya es noticia, ignorando la limpieza de material combustible y el ordenamiento territorial durante el invierno.» reclama Manuel Jaramillo, director de la Fundación Vida Silvestre.

Por su parte, Abel Nievas, secretario de Bosques de Chubut calificó la situación como «La peor tragedia ambiental en dos décadas. La recuperación de estas áreas llevará siglos, hay generaciones de chubutenses que no conocerán el bosque como lo conocimos nosotros»

El gobernador de la provincia, Ignacio Torres, confirmó lo que ya se sospecha debido a la cantidad de casos previos: hay una intención criminal detrás de los focos prendidos. Los negocios inmobiliarios sobre la región y del terreno para cultivo se hacen cada vez con menos «carpa», y pareciera no importarle, ni al gobierno ni a la justicia, ya que año tras año hay impunidad.

Por sobre todo, como ya mencionamos, el daño masivo es causado por las plantaciones de pinos invasores, de nuevo con fines industriales. No solo arden más rápido, sino que sus piñas encendidas vuelan por el viento y generan nuevos focos a cientos de metros, haciendo que el incendio sea incontrolable para cualquier cuadrilla de brigadistas.

La primera línea de combate la encabezan los brigadistas del Servicio Provincial de Manejo del Fuego, junto a combatientes de Parques Nacionales y dotaciones de Bomberos Voluntarios de toda la región. Este enero de 2026, más de 500 hombres y mujeres enfrentan lenguas de fuego que superan los treinta metros.

Pero estos trabajadores no solo necesitan aplausos y difusión en redes, sino condiciones dignas de trbaajo: muchos de estos brigadistas operan bajo contratos precarios, con sueldos que apenas rozan la canasta básica y un equipamiento que, tras años de recortes presupuestarios, se cae a pedazos.

A ellos se les suma la voluntarios que, con palas y baldes, intentan defender sus hogares allí donde el Estado no llega, o no quiere llegar, exponiéndose a un peligro extremo ante la falta de una coordinación logística que esté a la altura de la catástrofe.

La Patagonia se quema año tras año, y pareciera que la intención de las autoridades es precisamente esa. Ya dejan de ser «accidentes» o «atentados» y pasa a ser un abandono sistemático por parte del gobierno y la justicia.