Por Santiago Campeni
El Desierto de Atacama es famoso por ser una de las zonas más secas del mundo, debido a su bajo índice de precipitaciones, sin embargo hace unos años también comenzó a ser conocido por contener un basural a cielo abierto con indumentaria de todo tipo que llega desde diversos países.
¿Cómo llega la ropa al lugar?. La ropa llega desde Estados Unidos y Europa principalmente, sin embargo puede provenir de todas partes del mundo. En primer lugar, el basural se encuentra a 20 kilómetros de la ciudad chilena de Iquique, una localidad portuaria con una zona franca, es decir libre de impuestos. Allí las empresas más grandes de ropa a nivel mundial encuentran más económico dejar sus prendas de segunda mano, – entre las que se encuentran zapatillas sin estrenar, remeras, camperas y accesorios de todo tipo – o con alguna pequeña falla o incluso nueva tan solo porque no pudo ser vendida y pasó de temporada y descartan las prendas que están sucias, con alguna falla o son de tallas muy grandes.
Otra de las causas que generan este desastre ambiental es el efecto de la moda rápida o fast fashion, que promueve un consumo rápido de la ropa siguiendo modas que cambian constantemente a precios bajos. Tan sólo entre el periodo que va desde el 2000 y el 2014 se ha duplicado la producción de prendas de vestir y lo que no se vende en los países de origen es desechado en zonas libres de impuestos como es el caso de Iquique, ya que es más barato que donarlos.

La industria de la moda es altamente contaminante. Según datos de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), para fabricar un solo jean se requieren 7500 litros de agua: el equivalente a lo que bebe una persona en aproximadamente 7 años. Si de agua hablamos, la industria de la indumentaria es responsable del 20% del desperdicio total de agua a nivel global. Además esta actividad produce más emisiones de carbono que todos los vuelos y envíos marítimos internacionales juntos, con las consecuencias que ello tiene en el cambio climático y el calentamiento global.
Otro efecto negativo que tiene en particular el vertedero de Atacama es que se han realizado quemas intencionales en 2021, para tratar de reducir el volumen de ropa que se encuentra en el lugar. La quema de estos textiles libera al aire todo tipo de partículas tóxicas. Además una tela muy utilizada hoy en día es el nylon, una manufactura hecha en base de plásticos que libera al medio microplásticos que luego terminan en los ecosistemas con sus consecuentes problemas en la fauna.
También las toneladas de ropa acumuladas en el medio del desierto afectan a las napas subterráneas, contaminando uno de los recursos escasos en la zona. Por otra parte, transportar esta ropa desde diferentes puntos del mundo en lugar de ser donada o vendida en sus lugares de origen, emite gases de efecto invernadero.
El costado social
Gran parte de la ropa que se tira en el desierto de Atacama es prácticamente nueva. Esto supone una injusticia ya que hay personas que no tienen acceso a prendas adecuadas para vestir: aquí se pueden encontrar hasta camperas de invierno, que claramente podría estar usando una persona que pasa frío en otro costado del planeta. De hecho algunos migrantes que escapan de sus países por diferentes conflictos encuentran en este basurero, una especie de mercado a cielo abierto donde poder abastecerse de prendas prácticamente nuevas, hasta con las etiquetas de sus precios en monedas extranjeras en algunos casos.
En septiembre del 2021 la Ministra de Ambiente Carolina Schmidt anunció que se extendería la responsabilidad del productor a las industrias textiles y de la ropa. Esto significa que las compañías de indumentaria que estén en territorio chileno tendrán que hacerse cargo del descarte de sus prendas y su posterior reciclado.
Además actualmente en el país trasandino existen diversos emprendimientos que aprovechan la ropa descartada en el desierto más grande de Sudamérica como materia prima. Es el caso de Franklin Zepeda, fundador de “Ecofibra” que utiliza textiles para fabricar aislantes térmicos utilizados en la construcción. Otro ejemplo es el de Rosario Hevia, fundadora de “Ecocitex”, una fábrica de hilados que reutiliza restos textiles sin utilizar agua, ni tintes en todo su proceso de producción.
¿Qué se puede hacer? Como consumidores podemos tomar una postura más activa: evitar el consumo innecesario de ropa, pensando antes de adquirir una nueva prenda. Otra opción es darle más vida útil a nuestra ropa, arreglándola cuando se rompe, en lugar de cambiarla por una nueva. Si decidimos que nuestra ropa ya no nos es útil, es mejor donarla a alguna organización, antes que tirarla a la basura. Por último podemos ayudar a emprendimientos cque fomentan una industria de la moda más sostenible o que reutilizan sus residuos.





