Cuando se trata de una alimentación consciente, es sumamente importante sentar una base desde pequeños. Ya mencionamos que la publicidad y propaganda afecta generalmente a los niños, ya que son el grupo más vulnerable cuando se trata de adquirir conocimientos.
Si constantemente estamos viendo en los carteles, en supermercados, en paquetes de alimentos procesados información falsa, es más fácil caer en la trampa. Por eso es de gran importancia potenciar y enseñar la alimentación saludable en los niños para que se les permita ser conscientes de su capacidad para alimentarse de forma positiva.
Hasta los 3 años apróximadamente, los niños no se ven influenciados por la industria alimenticia, ya que todavía no desarrollan una capacidad de distinguir o entender los mensajes que esta industria les da. Pero esta edad es crucial, porque comen de una forma intuitiva, dejándose llevar por sus sensaciones de hambre o saciedad; además de por lo que necesita su cuerpo.

Es aquí donde el rol del adulto responsable entra en juego. Hay que entender que el padre, madre o persona a cargo del niño o niña empieza a ser totalmente responsable de la ingesta de alimentos del niño, ya que, a esa edad nadie presenta ningún tipo de autonomía alimentaria. Escoger los alimentos adecuados para que los niños crezcan sanos, pero sin excluirlos.
Como hacer funcionar esta dinámica?
Hacerlos participar: A esa corta edad el niño está dispuesto a aprender cosas nuevas. Compartiendo el proceso desde llevarlos a comprar los alimentos hasta que los alimentos llegan a la casa y se cocinan. Involucrar a los nenes en la cocina hace que entiendan que es lo que están comiendo, que sepan de donde proviene. Lógicamente, la participación a veces puede ser limitada dependiendo la edad pero siempre hay algo que se puede hacer; lavar algún vegetal o fruta; amasar; cortar vegetales, frutas; lavar y ordenar; mezclar ingredientes; moler o licuar algo; etc.
No imponer reglas: Si bien la actitud del adulto debe ser firme a la hora de enseñarle nuevos alimentos al niño, no debe ser restrictiva ni impositiva. En vez de enseñarles de esta forma, lo ideal sería explicarles que hay alimentos buenos y hay alimentos malos, promover la ingesta de alimentos saludables y si tenemos que restringir algo, pongamos límites en los alimentos dañinos como los ultraprocesados, pero siempre haciéndolos entender por qué esos alimentos no son saludables.
Dar el ejemplo: Los niños aprenden observando. Si nosotros mostramos malas actitudes, nos comunicamos de mala manera, etc. probablemente el niño después copie esas actitudes fuera de casa. Lo mismo pasa con la comida, si nos ven comiendo sano, y ven que el alimento es bueno o nos parece rico, probablemente a ellos también les guste.
Hay muchas maneras de hacer que el niño elija comer sano, compartir ese proceso es algo hermoso y necesario. Pero siempre debemos tener claro que casi todo empieza en casa y los adultos somos responsables de lo que después haga el niño o niña, ya que somos su ejemplo. Te invitamos a que empieces a involucrar a los niños cercanos a vos a estos hábitos. Cuando crezcan, te lo van a agradecer.





