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A 50 años de la Conferencia de Estocolmo

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Se cumplen 50 años de la Conferencia de Estocolmo, el primer debate internacional sobre medio ambiente

Por Juan Carlos Villalonga

El próximo 5 de junio se conmemorarán los 50 años de la Conferencia de Estocolmo, la primera de su tipo convocada por Naciones Unidas con el objetivo de debatir sobre ambiente y desarrollo. En ese entonces, el mundo industrializado comenzaba a evidenciar los impactos de un desarrollo desconectado del cuidado ambiental.


Este aniversario es muy significativo, ya que Estocolmo inaugura un nuevo período en la historia de la humanidad en el que la compatibilización entre el desarrollo económico y la preservación ambiental se torna una necesidad que subyace cada vez más a la política global. El proceso iniciado entonces será lento dada la profundidad de las ideas que deben cambiarse o ser reemplazadas.


Para inicios de los ’70, la preocupación ambiental venía ganando espacio en la agenda pública en varias regiones del mundo. Un creciente movimiento ciudadano comenzaba a visibilizarse a través del nacimiento de algunas de las organizaciones más emblemáticas: WWF, Greenpeace o Friends of the Earth. Algunos libros, tales como Silent Spring (1962) de Rachel Carson, habían significado un salto muy grande en la comprensión de la magnitud y complejidad del problema al que se estaba comenzando a poner atención. La ciudadanía había celebrado su primer Día de la Tierra, el 22 de abril de 1970, llevando de forma multitudinaria la agenda ambiental a las calles de las principales ciudades en los Estados Unidos.  


En ese contexto, en 1968, el gobierno de Suecia le propone al Consejo Económico y Social de la ONU (ECOSOC) realizar una conferencia global sobre la agenda emergente ambiental. La propuesta tuvo apoyo y la Asamblea General de la ONU convocó en 1969 a una conferencia para 1972. El secretario general de la ONU de ese entonces, el birmano U Thant, invitó al canadiense Maurice Strong para que ejerciera el rol de secretario general de la cumbre, arrancando así el proceso preparatorio de Estocolmo, conferencia que se realizará del 5 al 16 de junio de 1972.
Hace 50 años la situación internacional era bastante diferente al actual. La tensión propia de la Guerra Fría se sumaba a una época de confrontaciones Norte-Sur. La confluencia de esas tiranteces se expresó en el camino hacia la conferencia, en su desarrollo y en el derrotero posterior.


Asistieron representantes de 113 países, 19 organismos intergubernamentales, y más de 400 organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales. La Unión Soviética y los países bajo el Pacto de Varsovia no asistieron. Este boicot se justificó, inicialmente, por que Alemania Oriental (República Democrática de Alemania) no estaba invitada a participar. En realidad, ninguna de los dos Alemanias eran miembros de la ONU, dado que no se reconocían mutuamente como países legítimos. Por esa misma razón tampoco participó Cuba.
A la tensión Este-Oeste debemos sumarle las Norte-Sur con una cantidad de conflictos de distinta naturaleza que por ese entonces tenían lugar. Con respecto a la convocatoria, en general, los países en vías de desarrollo temían que la nueva agenda pudiera volvérseles en contra con algún tipo de limitación al desarrollo; en tanto que en los países desarrollados existía el temor de que la conferencia los expusiera al reclamo generalizado de una mayor transferencia de recursos y ayuda internacional. Las complicaciones y los temores se multiplicaban. Una salida de alivio para muchos fue que la Conferencia no sería resolutiva y que todas sus recomendaciones deberían ser ratificadas por la Asamblea General de la ONU. Sólo así podía existir Estocolmo.

Por lo tanto, quienes crean que el camino internacional de la agenda ambiental ha sido sencillo se equivocan, cada paso ha sido una proeza diplomática hasta hoy.
La Conferencia de Estocolmo emitió una Declaración de 26 Principios y un Plan de Acción con 109 recomendaciones. Se fijaron algunas metas específicas, por ejemplo, una moratoria de diez años a la caza comercial de ballenas, la prevención de descargas deliberadas de petróleo al mar a partir de 1975 y otras.
Asimismo, la Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano y sus Principios formaron el primer cuerpo de lo que se suele denominar una «soft law» para cuestiones internacionales relativas al medio ambiente.