Conexión Animal

Compartir :

Share on facebook
Share on twitter

Comienzan las obras petroleras en el Golfo San Matías: científicos advierten por el impacto en la vida marina.

El avance de la frontera hidrocarburífera argentina sumó un hito logístico que enciende las alarmas de la comunidad científica y ambiental. Con el arribo del buque Skandi Hera a las aguas rionegrinas del Golfo San Matías, provisto de las cadenas y anclas que fijarán las futuras monoboyas de exportación, se formaliza el inicio de las obras de infraestructura del megaproyecto Vaca Muerta Oleoducto Sur (VMOS).

El modelo exportador y la modificación de las leyes

El despliegue de la obra en Punta Colorada, cerca de Sierra Grande, responde a la urgencia del sector energético por liberar el «cuello de botella» de Vaca Muerta. Al no dar abasto los oleoductos hacia la provincia de Buenos Aires, el proyecto VMOS surge como la vía directa para evacuar miles de barriles de crudo diarios hacia los mercados internacionales. A esto se le suman las proyecciones de plantas de licuación offshore para la exportación de gas.

Sin embargo, para habilitar este polo exportador, la política debió forzar los marcos regulatorios. En agosto de 2022, la Legislatura de Río Negro modificó a puertas cerradas la Ley Provincial 3.308, una normativa histórica sancionada en 1999 que prohibía expresamente la prospección, explotación y transporte de hidrocarburos en el Golfo San Matías. Esa reforma abrió el candado legal para permitir las monoboyas y los ductos, desoyendo el reclamo de las asambleas socioambientales y las alertas de los expertos.

Consecuencias: Los riesgos científicos y ambientales

La paradoja temporal es aún más crítica. Junio marca el inicio formal de la temporada de la ballena franca austral (Eubalaena australis) en la región. Año tras año, estos gigantes buscan la calma y el reparo de las aguas interiores del golfo para cumplir las etapas más vulnerables de su ciclo vital: el parto y la crianza de sus ballenatos. Hoy, ese refugio ancestral empieza a convivir con el ruido de la industria pesada y la promesa del tránsito de megabuques.

La comunidad científica local e internacional ha sido categórica al señalar que la coexistencia entre la megainfraestructura petrolera y la biodiversidad endémica del golfo es biológicamente insostenible. Uno de los frentes más críticos radica en la contaminación acústica y la consecuente desorientación que sufrirán los cetáceos, especies que dependen vitalmente de su sistema de ecolocalización para comunicarse, navegar y alimentar a sus crías.

El ruido subacuático continuo provocado por los motores de los megabuques y las tareas de fijación de anclas rompe el paisaje sonoro esencias para las ballenas y delfines, elevando notablemente sus niveles de estrés y provocando, en muchos casos, el abandono definitivo de las zonas de cría, según advierten biólogos del Conicet y especialistas en mamíferos marinos de la Universidad Nacional del Comahue.

A esta problemática sónica se suma el peligro latente de colisiones fatales debido al incremento drástico del tráfico de barcos de gran calado. Un choque con un buque metanero o un petrolero resulta letal para una madre con su ballenato, cuyas capacidades de maniobra y velocidad son sumamente reducidas durante los primeros meses de vida. Asimismo, el fantasma de un derrame de crudo sobrevuela la región con especial gravedad, dado que el San Matías es un golfo semicerrado con una dinámica de circulación de aguas muy particular.

Un vertido en la zona de monoboyas no se dispersaría fácilmente en el océano abierto, sino que las corrientes internas arrastrarían los hidrocarburos directamente hacia las áreas naturales protegidas, como la Península Valdés (sitio Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO) y el canal de acceso a la Bahía San Antonio, destruyendo a su paso las economías locales basadas en el turismo y la pesca artesanal.

El Dr. Mariano Coscarella, biólogo especializado en mamíferos marinos e investigador del Conicet, ha sido enfático sobre la fragilidad de la zona: «El Golfo San Matías y las aguas adyacentes de Península Valdés funcionan como una unidad ecológica. Introducir tráfico marítimo de gran porte y terminales de carga en un área de parición y cría de una especie protegida como la ballena franca austral genera un riesgo de colisión e impacto acústico que la ciencia ya ha demostrado que es irreversible para estas poblaciones».

Finalmente, los expertos alertan sobre las alteraciones térmicas y el consecuente riesgo de floraciones algales mortales. Las operaciones planificadas de licuación de gas offshore modifican la temperatura del agua circundante, y estos cambios térmicos artificiales, combinados con el contexto de cambio climático global, incrementan de forma exponencial las probabilidades de mareas rojas nocivas, las cuales resultan letales para la fauna marina y peligrosas para la salud de las comunidades costeras.

La encrucijada del desarrollo

La llegada del Skandi Hera materializa una política de Estado que prioriza las divisas de corto plazo por sobre la preservación de ecosistemas únicos. El festejo oficial por la aparición de los delfines, en sintonía con la bienvenida a la infraestructura petrolera, expone una peligrosa desconexión conceptual: no se puede proteger el santuario mientras se construyen las bases para su vulneración.

El Golfo San Matías se encuentra ante un punto de inflexión histórico. Una vez más, el destrozo ambiental se camufla bajo la premisa del «desarrollo industrial», pero quedó demostrado a lo largo de la historia de este país, que si no se protege nuestra tierra, no se puede hablar de desarrollo.