Ya serán casi tres años y medio desde que los carpinchos comenzaron a ser parte de la cotidianeidad en el complejo de barrios privados de Tigre, Nordelta. Desde 2021, la situación es de público conocimiento, y han surgido diversas opiniones sobre como lidiar con la población de estos enormes roedores en los jardines, las lagunas y la vía pública.
La abrupta modificación del ecosistema isleño, impulsada por la industria inmobiliaria en la zona de Nuevo Delta, Tigre, hizo que los animales que habitaban históricamente el lugar (carpinchos, coipos, reptiles, varias aves y más) tuvieran que refugiarse en los pocos humedales que aún quedaban inmaculados. Sin embargo, el avance urbano también alcanzó estos rincones, haciendo que la única opción posible para las especies sea convivir con los humanos en los barrios.
A raíz de esto, se creó un organismo llamado Nuevo Delta Ecodefensa, conformado por casi 500 habitantes de la zona que defienden el derecho de los animales a su hábitat original.

“Es que fue ahí cuando se desmontó toda la zona destinada al Centro Cívico y a la Clínica Suiza. Era el único humedal que quedaba y estaban refugiados allí. Eso fue la estocada final. La gente a veces piensa, en su ignorancia, que aparecieron de la nada y se asombran. Pero siempre estuvieron ahí, no los veíamos porque todavía tenían algo de tierra adonde vivir y comer. Cada vez que veíamos uno, estábamos fascinados, era pintoresco. Hoy mueren al menos dos carpinchitos por día”
«Desde 2018 venimos pidiendo a la autoridad de aplicación, la Dirección de Flora y Fauna de la provincia, que defina medidas al respecto. En los dos últimos años, la población se duplicó. Eso hace urgente una respuesta de la autoridad provincial. En 2021 se presentó un proyecto de estudio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnica (Conicet) y la Universidad de Buenos Aires (UBA) sobre formas de regular ese crecimiento de la población y recién este mes aprobaron una primera etapa del proyecto presentada por los investigadores” detalló el grupo.
Hoy, la mayoría de las casas y los complejos tienen cerco eléctrico, para evitar que los carpinchos ingresen a su jardín. Lógicamente, estos animales, herbívoros, buscan comida en las orillas de las lagunas artificiales que están rodeadas por propiedades.
La polémica se ranimó recientemente, cuando el periodista Alejandro Fantino denunció un perverso sistema para hacer daño a los carpinchos; en el club de golf de Nordelta, colocaron un boyero eléctrico rodeando todo el campo, y lo llenaron de maíz alrededor, con el objetivo de atraer a los animales.
“Es muy chocante y lo quiero denunciar para ver si puede hacer algo la gente del gobierno de Kicillof o desde el municipio de Tigre. Díganme si esto amerita una denuncia por maltrato animal o si piensan que hay que viralizarlo”, concluyó Fantino el miércoles pasado.
Entre los atropellos en la calle, los atrapados en las alcantarillas y los dañados por personas, se estima que, actualmente, está muriendo un carpincho por día.
“Si hubieran construido barrios sustentables, las cosas serían distintas. Esto es de una transformación tal que pasan estas cosas. Los carpinchos fueron eliminados en enorme proporción durante la construcción. Hubo una retirada enorme de los ejemplares. Ahora, la especie está recolonizando un área en la que siempre estuvo, lograron desarrollar una nueva adaptación a este nuevo territorio”, sostuvo Emiliano Ezcurra, ex vicepresidente de la Administración de Parques Nacionales.

La población de carpinchos fue claramente perjudicada, y forzada a abandonar su hábitat natural. El daño ya está hecho, pero hay medidas que se pueden tomar para minimalizarlo. Por ejemplo, promover el uso de plantas nativas y sacar las exóticas, generando un ecosistema amable con las especies autóctonas, donde puedan convivir en armonía con la gente.
“se pueden generar medidas disuasorias de la fauna que no se quiere que entre en contacto con la gente, que no impliquen matarlos, como traslocaciones, direccionar los lugares adonde van, estudiar con biólogos otro tipo de forma de reducir ese contacto”. Agregó Ezcurra





