Argentina alberga el segundo bosque más grande de América Latina, después del Amazonas. Se trata del Gran Chaco, conocido también como El Impenetrable Chaqueño, hogar de más de 3.400 especies de plantas, 500 especies de aves y aproximadamente 150 especies de mamíferos, entre otros seres vivos. Se ubica en la región del NEA (Noreste Argentino) y abarca un total de 11 provincias, en mayor o menor proporción.
Sin embargo, su magnitud y la vasta vegetación que aflora en su suelo, atrae a las grandes empresas, que en busca de territorio para expandir la industria agropecuaria, causan los niveles de deforestación más altos del país. Sólo en 2023 se desmontaron más de 110.000 hectáreas de bosque nativo en las provincias de Santiago del Estero, Chaco, Formosa y Salta, según datos de Greenpeace.
El cultivo de soja y la ganadería intensiva son las principales causas de la enorme explotación de los suelos del bosque. Estas grandes compañías continúan recibiendo el permiso de las autoridades nacional, muchas veces violando la Ley Nacional de Bosques Nativos (Ley 26.331), que establece categorías de conservación y procedimientos de evaluación ambiental.
Mediante las imágenes satelitales y sobrevuelos, diversas organizaciones ambientales han evidenciado la drástica pérdida de biodiversidad en el bosque, y las enormes consecuencias que esto genera en las poblaciones que viven en la región:

Según los estudios del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), de seguir así, la enorme mayoría de las especies que habitan el Chaco podrían desaparecer dentro de los próximos 20 años, y ya hace tiempo que algunas viven en constante peligro, como el yaguareté, el oso hormiguero o el tatú carreta.
Sumado a esto, se encuentra también el negativo impacto climático. La pérdida de masas forestales contribuye al aumento de emisiones de gases de efecto invernadero, afecta los regímenes de lluvias y promueve la desertificación del suelo. Gran parte de la regulación hídrica natural del Noreste Argentino es responsabilidad del bosque.

Los tétricos números hablan por si solos: Desde 1998 hasta 2023, el Gran Chaco perdió más de 5 millones de hectáreas de bosque nativo, lo que equivale a casi el 20% de su superficie original. Santiago del Estero, con más de 1,6 millones de hectáreas desmontadas, es la provincia más afectada. Salta, Formosa y Chaco han sufrido también en gran proporción.
La solución del desmonte y la explotación del bosque debe ser llevada a cabo por los gobiernos, implementando leyes que se cumplan tal cual corresponde. Si bien la Ley de Bosques establece que el Fondo Fiduciario para la Protección de los Bosques debe recibir el 0,3% del presupuesto nacional, esta norma no se cumplió jamás, y hoy en día, luego de un grave desfinanciamiento de la ley en 2024, sólo se destinó el 10% de lo debido.
El Gran Chaco argentino debe ser protegido, no sólo por una mera cuestión de ideología ambiental, si no por una necesidad vital para una enorme parte del país.





