El territorio de las Islas del Delta del Paraná, cerca al partido de Tigre, se está convirtiendo en un bastión de lucha ecológica contra el histórico deterioro que sufre el ecosistema, a causa de la deforestación.
Lo que alguna vez fue una franja continua de bosque isleño, hoy sobrevive como parches fragmentados rodeados por pastizales, plantaciones exóticas, incendios y usos ganaderos. En la reserva municipal conocida como Monte Blanco, un proyecto cinetífico intenta frenar la pérdida y devolverle estructura y especies al paisaje.
El monte blanco es la selva subtropical más austral del mundo. Allí confluyen especies tropicales, y cada una cumple funciones ecosistémicas cruciales: regulación hidrológica, captura de carbono, refugio para fauna migratoria, entre otros. Sin embargo, desde los primeros procesos de colonización y hasta los usos ganaderos y forestales intensivos del siglo XX, buena parte del territorio original fue removido o reemplazado por salicáceas y otras plantaciones exóticas, dejando relictos aislados de alto valor ecológico.

“La idea del proyecto es avanzar hacia modelos de gestión forestal más sostenibles, resilientes y compatibles con la conservación de la diversidad biológica”, explicó Esteban Borodowski, docente de FAUBA, involucrada en el proyecto.
El deterioro de la isla
- Incendios intencionales que se desbordan: La práctica industrial, frecuente al finalizar el invierno, se ha vuelto a veces incontrolable y provoca pérdida de albardones y daños a los relictos de Monte Blanco. En casos recientes la justicia penal ha tenido que intervenir por incendios que devoraron áreas insulares.
- Plantaciones exóticas: un amplio sector del la industria frutihorticultural ha transformado la estructura original del paisaje; muchas plantaciones exóticas alteran los procesos de sucesión natural, impidiendo la regeneración del monte autóctono.
- Fragmentación y aislamiento: La interrupción en la regeneración natural y la elevación artificial de bordes hace que los parches sobrevivientes queden aislados, reduciendo la conectividad ecológica y la capacidad de recolonización de especies nativas.
Dentro del marco del proyecto, se sembraron centenares de árboles nativos en superficies piloto, con el objetivo de recuperar la estructura de selva en galería y ofrecer servicios compatibles con la producción local. En un informe reciente se reportaron más de 600 plantines de 22 especies nativas distribuidos en casi 5 hectáreas.
Esta inicitaviva es liderada por la Universidad de Buenos Aires, en conjunto con el INTA. Varios expertos de dichos organismos están trabajando para encontrar el balance óptimo entre conservación y producción.

Un informe del Jardín Botánico y proyectos universitarios subrayan la necesidad de combinar propagación en viveros, plantación por etapas, monitoreo de supervivencia y trabajo social con productores para garantizar que las restauraciones resistan al paso del tiempo. Las autoridades municipales, por su parte, señalan que la reserva Monte Blanco funciona como «zona piloto» para ensayar técnicas que puedan replicarse en otras islas.





