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Perú en emergencia por un derrame de petróleo

Por Santiago Campeni – El pasado 15 de enero, una erupción de un volcán submarino cercano a la isla de Tonga provocó desastres en este territorio y tsunamis a lo largo de las costas del pacifico. Entre los daños causados por estas olas se produjo un derrame de petróleo en las costas de Ventanilla, Perú. 

El derrame se produjo mientras se producía un proceso de descarga de crudo por parte del buque Mare Dorium,en la refinería La Pampilla, operada por la española Repsol. Se calcula que en promedio se han vertido 6000 barriles en el océano afectando la fauna marina y las playas locales. Según el propio ministerio de relaciones exteriores peruano, este es el peor desastre ecológico ocurrido en la región de Lima en los últimos años. 

El mancha negra se extiende en una superficie de 180 hectáreas de playa y 713 hectáreas de mar al 23 de enero, afectando el 74% de la superficie del área protegida “Reserva Nacional de Islas Islotes y Puntas Guaneras” y la “Zona Reservada de Ancón”, según el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA). Además el gobierno ha declarado la emergencia ambiental por 90 días, destinando un plan de acción inmediato y a corto plazo en el área afectada.

El vertido de crudo afecta directamente a la flora y fauna de la zona haciendo que mueran cientos de especies, siendo, las aves las más afectadas, por contacto directo con los cuerpos de agua o vegetación contaminada, o por envenenamiento por ingestión.  La fauna marina ve afectada su cadena trófica, ya que se contaminan las algas y el fitoplancton, que son ingeridos por los peces. Si un alga tiene un nivel de contaminación determinado y un pez se alimenta de diez algas los tóxicos estarán 10 veces más presentes en ese pez, es decir que se ve un efecto acumulativo. También en las aguas superficiales el vertido de petróleo produce la disminución del contenido de oxígeno, aporte de sólidos y de sustancias orgánicas e inorgánicas, dificultando el desarrollo de vida en la zona.  Actualmente el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre, en conjunto con organizaciones nacionales y privadas se encuentran realizando tareas de rescate de animales afectados en la zona.

hasta el 21 de enero, se ha logrado rescatar 13 ejemplares de guanay (Phalacrocorax bougainvillii), 3 de cormorán (Phalacrocorax brasilianus), 13 de chuita (Phalacrocorax gaimardi), 6 de pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti), 11 piqueros (Sula variegata), 3 gaviotas (Larus belcheri), 1 zarcillo (Larosterna inca) y 1 playerito (Calidris sp.).

Dichos animales han sido trasladados al Parque de las Leyendas, donde son lavados con detergentes quitagrasas especiales y secados; y reciben tratamiento veterinario, con el fin de prevenir episodios de hipotermia.

Además de afectar a la fauna local, esta situación afecta directamente el modo de vida de los pescadores locales, que no pueden acceder a la pesca debido a que el Organismo Nacional de Sanidad Pesquera (SANIPES) pidió el cierre a la extracción de moluscos bivalvos en el área de producción San Lorenzo (Callao), Palomino (Callao), Isla Grande (Ancón), y La Isleta (Ancón). Otro punto que complica la situación es la industria del turismo. 

Desde Repsol se ha comunicado que ya se encuentran trabajando para solucionar el problema, realizando acciones tales como desplegar más de 2500 barreras de contención, destinar 10 lanchas para recuperar el producto derramado, y efectuar tareas de remediación en las playas afectadas, por parte de más de 700 operarios entre otras. Sin embargo el gobierno peruano ha dispuesto que Repsol de no realizar las tareas demandadas por el ministerio de ambiente en el tiempo estipulado, se le cobrarán multas coercitivas, de hasta 100 UIT por cada medida y de manera sucesiva, hasta constatar su cumplimiento, pudiendo alcanzar los US$ 34 millones.  

Sin embargo a pesar de las imposiciones económicas, el daño ya está hecho, lo que plantea el interrogante de cuál es el valor de los servicios ecosistémicos brindados por la flora y fauna de las costas de Lima, como los de captura de carbono, regulación del ciclo de nutrientes y provisión de alimentos. Este escenario nos interpela ya que el pasado 30 de enero el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible aprobó la exploración offshore por parte de las petroleras Equinor, Shell e YPF en las costas bonaerenses. De constatarse que en el fondo marino se encuentra petróleo y gas natural, se instalarán refinerías similares a las de la que opera en las costas de Ventanilla. Sin dudas la extracción de petróleo es una actividad que implica riesgos, y el ejemplo de Perú no es el primero ni probablemente sea el último de un derrame.

El 25 de mayo, se produjeron comunicaciones cruzadas entre el Gobierno de Perú y la petrolera Repsol ya que el primero afirma que se produjo un nuevo derrame mientras se realizaban labores en un ducto submarino en la refinería La Pampilla, mientras que desde la empresa se dice que es un «afloramiento controlado de remanentes» y que este suceso estaba previsto, aún restan hacerse las pericias pertinentes para esclarecer este último acontecimiento.