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La sobrepesca ilegal que arrasa con el mar argentino.

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La sobrepesca ilegal que arrasa con el mar argentino.

Por Bautista Diaz

A tan sólo metros del límite jurisdiccional del mar territorial argentino, luego de la milla 200, se practica, hace más de 20 años, la pesca ilegal, arrasando con los recursos marítimos del Agujero Azul, una importante área de alimentación de muchísimas especies que habitan las aguas del Atlántico Sur.

Las aguas de esta zona son externas a la Zona Económica Exclusiva de Argentina, es decir, las millas del mar donde el país puede ejercer su sobernía. El problema es que los recursos, vivos y no vivos, si son parte del ecosistema argentino, y ahí está la problemática legal.

La organización de Google, Global Fishing Watch, publicó datos satelitales donde se evidencia que la pesca no regulada sobre el océano Atlántico Sur aumentó un 800% en la última década.

Las principales flotas responsables de la depredación de la zona pertenecen a cuatro países: España, China, Corea del Sur y Taiwán. El foco de estas potencias pesqueras está puesto en el calamar, pero terminan capturando todo tipo de especies, parte del ecosistema protegido del mar argentino.

Otro de los problemas fundamentales es que no respetan los ciclos de reproducción de la fauna. Mientras la flota argentina despliega sus embarcaciones en enero, cientoss de barcos llegan del Océano Índico y Pacífico a nuestras aguas alrededor de noviembre.

Todo esto supone un problema enorme para la economía argentina. A raíz de esta práctica, el país US$ 14.000 millones anuales, debido al saqueo de materia prima que generan las flotas extranjeras en la pesca ilegal

Estos barcos arrojan al agua redes del tamaño de una cancha de fútbol, arrasando con todo lo que cabe adentro, sin importar que, y dañando la hidrósfera de manera irreversible. Esto de denomina «captura incidental», y está prohibido en nuestros mares. Dentro de las especies víctimas del daño colateral se encuentran tiburones, aves, mamíferos marinos, tortugas y muchísimos seres vivos más que son descartados sin vida o moribundos de vuelta al océano.

Además, la pesca ilegal en alta mar lleva encima miles de denuncias por trabajo esclavo. Lo que pasa en aguas internacionales es dificil de detectar y, contando con ello, los barcos llevan a bordo muchos pescadores que son potenciales víctimas del trabajo forzoso. En los puertos, no se logra inspeccionar a la cantidad real de embarcaciones que ingresan, y los trabajadores suelen ser de muy bajos recursos, y no cuentan con las herramientas para realizar denuncias debidamente.

La problemática de la pesca ilegal, no declarada y no regulada tiene un impacto devastador en el mar. Una ciudad de más de 500 barcos (algunos apagan el Sistemas de Identificación Automática (AIS), otro método ilícito) arremete contra el ecosistema marino del territorio argentino y deja daños irreparables. Nuestro mar va a colapsar